RAM presents a set of interventions in different areas of Fundacion Proa made by artists Veronica Ditoro Marcelina Dipietro, Lucio Dorr and Mariano Ferrante.
Mariano Ferrante
His work occupies the central wall of the museum's cafe and as well as the individual table clothes.
Movement is a highlight of his work. Ferrante work was made by himself by applying acrylic and crayon on the wall-
In Ferrante's own words:
The title of this piece is Dynamic Construction Number 4 and it belongs to the set of dynamic constructions that I have been developing and researching for a while now. This concept relates to the dialogue between the rational and the gestural aspects of art. I start off with and idea and the actual making of the piece becomes a performing act, I search for the action and the meaning of my work in this experience- Light plays a role in this work. I have chosen a wall on which light reflects differently depending on the time of the day. Light comes into the work producing a dynamic transformation. The materials used in this work leave traces and create a textured and humid surface which takes in light. These changes, the constant movement is also represented by the for colored ovals, are vital for what I want to say is that painting becomes independent when it has in its essence a constant flow which transforms the context and is transformed by it. It is not an optical illusion; it is not appealing to the complicity of the viewer. The intention is creating a direct connection between the space, the painting and the viewer.
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Creating rules to then break them is a usual operation for an artist. Producing constant attacks to the creations of those who came before us is usual as well. However, doing without this baggage altogether, even if we admire and know our recent past, turns into a singular and bold enterprise.
Mariano rebels against his own ways while he digs into the history of art with the fresh irreverence of those who aspire to new utopia. If an individual in history has landed in a particular spot, why not take this as a starting point and not assume continuity in the form of a legacy? The beauty that comes from the dialogue with the past is undeniable, but the epic attitude of turning our back to it is also beautiful, creating exclusively from the present.
In Mariano’s work, in spite of himself, there is a lot of this. There’s an air of vanguard as a starting point to develop new and original transformations.
Surprisingly he treats his paintings in the same way he treats history. Each painting unfolds a series of shapes, forms, colors and materials which constitute a visual grammar which is unique for each painting. Each of his works displays different resources, concepts and ideas which might deny, contradict or at least discuss his previous work.
Mariano seems to have an impenetrable mind while he transmits pure bodily emotion. In an apparent logic of repetition, nothing is repeated. In the evidence of an error, suddenly, chance is annulled. However, it is not pure reason which commands his works, but the deeply rooted conviction and constant need to believe that something unreachable dictates him these beautiful works of art.
Buenos Aires, October, 2009
Fabián Burgos
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Rojo. Amarillo. Azul. Verde. Naranja. Turquesa. Como puede verse, muy básicamente esa sería la paleta que Mariano Ferrante emplea en estos nuevos, elaborados lienzos, los cuales también parecen simples en su arquitectura más evidente. Sin embargo, a poco de internarnos en el clima diurno de estas luminosas invenciones, sospechamos que tal simpleza es engañosa. Los círculos concéntricos, o desplazados, los cuadrados, las franjas diagonales, y las barras verticales se combinan, contraponen y superponen de acuerdo a una dinámica establecida en un eje sólo parcialmente simétrico, enriquecido y a la vez desmentido, aunque nunca al límite de su desmembramiento, por las sutiles alteraciones y trampas estructurales que Ferrante ejerce sobre la aparente estabilidad de todo su sistema, y que le otorga esa cualidad de vibración intermitente, de homogeneidad tan fanática como trémula, como si el artista apuntara a encontrar el carácter esencial de su geometría en el resquicio mínimo de una plantilla diseñada hasta la exasperación. Ferrante se aplica a la elegante fisura, al descoyuntamiento leve que surge de descolocar programática y, de algún modo, disimuladamente, ciertos recursos y detalles de aquello que a la vista aporta a un conjunto de inapelable solidez constructiva.
A la vez, si hablamos de vibración, es bastante obvio que la temperatura veraniega que se desprende de estas piezas proviene de la clave alta con que Ferrante propone su impactante sonoridad cromática, que redimensiona y subraya el chisporroteo óptico de las tramas de pequeñas rectas y segmentos reducidos, subdivididos y recortados según la constante irrupción sobre ellos de los demás sectores, de anchura arbitrariamente variable, en que se divide el campo, y cuya regulada irregularidad contribuye a la gracia con la que se impone la por otra parte rigurosa composición.
Así que, luego de habituarnos, de ambientarnos a la jubilosa racionalidad con la que Ferrante justifica y apuntala la asombrosa manufactura de sus superficies, vale la pena dejarse llevar por el efecto casi hipnótico de la serie, por su instantánea seducción, como si nos halláramos bajo el influjo anímico de una antología de mandalas sintéticos o de una suite caleidoscópico – cinética, donde un arrebatado movimiento, lateral y giratorio, en cada una de las piezas y en la contigüidad de todas ellas, se ha visto súbitamente congelado y, no obstante, sigue sucediendo, y va a suceder, siempre en el ojo del espectador.
Eduardo Stupia, Julio 2009
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Mariano Ferrante
Una imagen recurrente en la práctica de la pintura es la de la figura envolvente que se retuerce sobre si, como modo reiterado de escenificar la duda, la incertidumbre, que el acto de pintar pareciera confesar , denunciando su estrecha relación con las meditaciones a la que todo pintor se somete cuando se convierte en el primer observador de sus acciones.
Pintar y pensar, pensar y pintar , desencuentro permanente de lo que siempre se acompaña como enigma. Mutua desconfianza? Mutua negación, donde lo segundo comienza antes de que lo primero se establezca. Alternativamente, estas insuficiencias (complementarias?) se abandonan a su juego buscando su resolución imposible, pero satisfechas en su ansiedad reiterada.
Los pintores siempre se frustran, también los pensadores?
Pero dejan huellas, como estas que dejó Mariano Ferrante: literarias, descriptivas, perseverantes, empecinadas. Confirmando casi aquella vieja verdad alucinada: el mundo marcha porque nosotros caminamos.
( Este texto no estaría completo si además no dijera que estas pinturas me parecen hermosas).
Tulio de Sagastizábal, 21 de mayo de 2005
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Mariano Ferrante ( SISTEMAS APARENTES )
El siglo XX estuvo atravesado por largos y acalorados debates en torno a la Abstracción sostenida como el lenguaje fundante de la Modernidad en las artes Visuales. El principio de la Abstracción -esencialmente opuesto a la Figuración- implicaba un mayor nivel de síntesis y purismo formal. La finalidad perseguida era eliminar de la composición aquellos elementos narrativos y anecdóticos. La obra debía ser “sin título”, sin tema, sin gesto. La consigna implicaba extraer toda huella de subjetividad: invisibilidad de la pincelada, distancia en la factura de la obra, distancia de la mirada, ascetismo formal. El artista se hacía presente por omisión.
Agotada la estrategia de las vanguardias de mediados de siglo, irrumpieron
en la escena de fines de los ´70 los Neo-vanguardismos. Menos ortodoxas, estas poéticas sumergidas en la problemática de la Posmodernidad planteaban la superación de la oposición Figuración–Abstracción. El clima de época parecía coincidir con el fin de las utopías, al mismo tiempo que anunciaba la caducidad de algunos conceptos y categorías que tradicionalmente ordenaron la producción artística: principios como originalidad, movimiento, ismo, sumados a la oposición anteriormente mencionada entre Figuración-Abstracción, complejizan, fragmentan y enriquecen las posibilidades de la creación artística.
Mariano Ferrante, como otros artistas de la generación joven, hacen caso omiso de las antiguas definiciones de las artes visuales. Su repertorio es toda la pintura. El principio regulador es la propia práctica; ideas y conceptos que organiza el cuadro.
Ferrante se mueve en ese espacio de indistinción, de ambigüedad formal y conceptual, donde resulta insostenible la diferenciación entre los elementos figurativos y abstractos. Construye sistemas aparentes, sólo útiles y posibles en el campo de lo visual que luego se convierten en trampas para el espectador. Al mismo tiempo, elabora respuestas a problemáticas visuales a las que se enfrenta la pintura contemporánea. Con diversas capas y distintos planos de color crea circuitos frente a los cuales nos vemos obligados a preguntarnos: ¿qué son?, ¿cómo funcionan?, ¿a dónde nos conducen?. Sistemas aparentemente inútiles que funcionan como metáforas de nuestra contemporaneidad: aparente y ficcional.
Sin respuestas unilaterales y cerradas, su pintura es un campo libre a la reflexión.
Jimena Ferreiro
Noviembre de 2004